La ilusión de lo eterno y otros placeres
Desde que existe la imagen y conseguimos controlarla, en el soporte que sea, hemos estado tratando de vencer al tiempo y a la muerte con un éxito relativo, más cercano a la derrota. Aún sabiendo que no hay manera de preservar la propia conciencia dentro de la imagen, nos sometemos a la ilusión del registro y esperamos ser rescatados por la mirada de alguien del futuro, como plantea Bioy Casares en "La invención de Morel". En la novela, publicada en 1940, el inventor desarrolla una máquina con la cual condena a un grupo de hombres y mujeres registrados en el experimento, a una eternidad que no padecen ni disfrutan, una eternidad sin conciencia, vacía. Morel, con su aparato, graba una semana perfecta de las personas que lo rodean para que ese fragmento, mediante un artilugio que no necesita intervención humana para activarse, se repita en loop por siempre. La vida eterna que ofrece Morel tiene un precio brutal: someterse a una radiación letal para captar las imágenes, con una m...